Por: Luis Carlos Yoal.*
Parece que muchos personas en Apartadó como en cualquier lugar del mundo a veces luchan por ser auténticas. Al exterior actuamos como siendo de una forma, cuando realmente en nuestra esencia somos de otra. Tenemos debilidades, defectos o temores, cosas relativas a nosotros mismos que nos hacen menos perfectos o menos agradables o deseables que preferiríamos ocultar de los demás.
Mientras pasa el tiempo, inventamos mascaras para suavizar esas imperfecciones. Algunos de nosotros creamos un sistema de máscaras para tapar, ocultar, o dar otras identidades distintas de quienes somos en realidad. En efecto, hemos llegado a sentirnos tan cómodos portando estas mascaras que hasta olvidamos que las tenemos puestas.
Nuestro orgullo, verguenza o miedos nos impiden suprimir nuestras máscaras y cargar satisfechos con nuestro verdadero yo. El pensamiento de despojarnos de los cortinas de engaño y defensa y quedar expuestos ante los demás (para que todos vean nuestros defectos, debilidades, o temores), es atemorizante.
La necesidad de agradar y ser aceptados nace con cada ser humano. Es un deseo tan fuerte en nosotros que hacemos casi cualquier cosa para satisfacerlo. De hecho, cuando era más joven me llegue a sentir antisocial (malo), una perfecta mascara para agradar algunos de mis amigos y logar ser aceptado entre ellos; cambiaba, Me reinventaba por completo; rapero, rokero, bueno o malo según el segmento social en el que quería incluirme. Nos ponemos una máscara, cambiamos nuestra apariencia externa para encajar mejor en nuestro entorno. Pero por dentro, no puede cambiar lo que somos, podemos cambiar lo exterior, pero sin importar cuantas mascaras llevemos puestas, no podemos cambiar lo que en realidad somos profundamente en nuestro interior.
Lo más peligroso de portar esas máscaras, por supuesto, es que nos distorsionan. Lo que otros ven es mentira. No es lo que somos... aquello para lo cual nacimos, y pasamos tantos años ocultándonos, que hemos olvidado aquellas cosas de nosotros que nos hacen diferentes y especiales.
Es una pena, Que desperdicio! Cada una de nosotros (tú, yo y cada hombre) fue creado único por Dios el Padre amoroso que se goza en nuestra individualidad. En efecto, esas cosas distintivas de nosotros, no nuestra "similitud"' nos hacen especiales para él.
De seguro todos tenemos temores y debilidades, todos somos menos que perfectos y siempre estaremos ansiosos de ser mejores, pero lo más importante será reinventarnos una última vez, pero para satisfacernos a nosotros mismos, porque en realidad, me gusta, lo acepto y me hace feliz, no porque sea algo para vender, o asarme querer. Cree y coopera con tigo mismo
---No te invitó a la perfección, te invito a que como yo cambies y te encuentres con el Carlos, José, Andrés Camilo, Johana, Daniela que eres en tu esencia, que te llamen por tu nombre, que comiences los planes propios, que te encamines en tus metas, que seas tú el que enamora, el que tu familia quiere, el que elige el sabor del helado, el que sale en la mañana, el que duerme y sueña, el que tiene un trabajo, el que cumple una tarea social, el que disfruta de una fiesta y se reúne con gente amable, el que viste apropiadamente y comparte bien en sociedad.
Yo me quite la máscara y sigo reinventandome a mí mismo, empieza tú.
![]() |
| publicidad |


